Para colmo, con una inusitada puntualidad, pues los abandonados pasajeros llegamos a la puerta de embarque ('adivinada' como cada cual pudo), con diez minutos de retraso, cuando resulta que una semana antes, en el viaje Valladolid-Londres, el avión despegó de Villanubla con una hora y media de retraso. ¡Una hora y media!
La única solución que Ryanair nos dio a los afectados que quedamos en tierra fue encajarnos en otros vuelos programados a Madrid, a Málaga, a Compostela, aunque, eso sí, ¡abonando 125 euros a mayores por el nuevo billete! Volar con Ryanair es exponerse a un total desamparo y desconsideración, a una y otra perrería y no pocas veces a un atraco. Hasta el próximo atropello".